sábado, 13 de octubre de 2012

Rueda de prensa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

En la mañana del pasado miércoles 10 de octubre tuvo lugar un desayuno de prensa en un entorno privilegiado: el Palacio de Goyeneche (Madrid), sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando  desde 1773. En él se presentaron a la prensa el Premio Rafael Manzano Martos de Arquitectura Clásica y Restauración de Monumentos y los valores y méritos de la obra de quien ha sido su primer ganador: Leopoldo Gil Cornet.


Plano de la fachada del Palacio de Goyeneche realizado con motivo de su rehabilitación como Academia de Bellas Artes y Gabinete de Historia Natural por el arquitecto Diego de Villanueva «con la expresión del estado en que está y de la nueva disposición que se le va a dar»

Intervinieron en él, junto con Rafael Manzano Martos, arquitecto ganador del Premio Richard H. Driehaus 2010, y el mencionado Leopoldo Gil Cornet; Alberto Manzano Martos, Presidente de la Fundación Mapfre, Antonio Bonet Correa, Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando e Ismael Fernández de la Cuesta, Vicedirector de la misma.


De izquierda a derecha: Alberto Manzano Martos, Antonio Bonet Correa, Leopoldo Gil Cornet, Rafael Manzano Martos e Ismael Fernández de la Cuesta

Se habló primero del origen del Premio: la generosa iniciativa del empresario de Chicago Richard H. Driehaus, quien, tras haber otorgado su premio homónimo al arquitecto sevillano Rafael Manzano Martos en la Universidad de Notre Dame (Indiana) en el año 2010, anunció la creación de un nuevo Premio destinado a promover los valores de la arquitectura y la ciudad tradicionales en el país del entonces premiado.

A diferencia de lo que suele ocurrir con otros premios con frecuencia más conocidos pero no por ello más importantes, tanto el Premio Richard H. Driehaus, el más cuantioso de los existentes en los Estados Unidos, como el Premio Rafael Manzano Martos no tienen por finalidad el honrar a aquéllos cuya obra represente mejor las últimas tendencias arquitectónicas, sino a quienes hayan contribuido con su obra a la preservación o al incremento de nuestro patrimonio arquitectónico tradicional, a la conservación de nuestro "paisaje cultural" y las diversas identidades locales que lo conforman y a la mejora de la calidad de vida en los lugares objeto de sus actuaciones.

Alberto Manzano expuso la labor de soporte para este nuevo Premio desempeñada por la Fundación Mapfre y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando e informó a los presentes de la próxima celebración de la ceremonia de entrega del mismo, que tendrá lugar en la tarde del próximo martes 16 de octubre en la propia sede de la Real Academia.

Leopoldo Gil Cornet se encargó entonces de explicar los detalles y cualidades de sus más de treinta años de obras de restauración, como arquitecto de la Institución Príncipe de Viana del Gobierno de Navarra, en la Real Colegiata de Roncesvalles (Navarra), que le han valido su elección entre las 31 propuestas presentadas a esta primera edición del Premio.

Paradigma de la llegada a España del gótico francés, la Real Colegiata de Roncesvalles tiene, además, el simbólico valor añadido de haber supuesto durante siglos el principal punto de conexión entre España y el resto de Europa. Se trata de un conjunto cuya importancia residió principalmente durante siglos en constituir el primer lugar de estancia de los peregrinos procedentes de otros países de Europa en su camino hacia Santiago de Compostela. Esto supuso que junto a la Colegiata apareciera todo un vasto complejo de capillas, hospitales, hospederías, almacenes, etc., componiendo todo ello, junto con los bellos parajes circundantes, un magnífico paisaje humanizado.

Antonio Bonet se refirió al importante papel que tuvieron las obras e investigaciones del arquitecto y restaurador Leopoldo Torres Balbás (1888-1960) y el historiador Élie Lambert (1888-1961) para la comprensión de este lugar. Sobre estos últimos ilustró después a los presentes con un dato poco conocido: que ambos tuvieron la fortuna de estudiar juntos en un instituto de Bayona (Francia) y de tener allí como profesor al gran medievalista francés Émile Mâle (1862-1954).

Leopoldo Gil destacó la notable labor social de las actuaciones realizadas en este conjunto, que fueron dando trabajo a un buen número de personas de la región y contribuyeron al mantenimiento y desarrollo de numerosos oficios artesanales tradicionales; su notoria contribución a la conservación tanto del patrimonio inmaterial como del patrimonio mueble integrados en el conjunto; y su entendimiento global de la obra como parte integrante de un paisaje y un entorno habitado más amplios y complejos.


Vista aérea del conjunto de Roncesvalles (Navarra)

Al hilo de esto, se trató sobre la rápida degradación de los paisajes españoles durante los últimos años, la cual, aunque frenada actualmente a causa de la crisis, ha ido conformando un entorno progresivamente globalizado y cada vez más empobrecido tanto cultural como materialmente.

Leopoldo Gil hizo hincapié sobre la necesidad de que la arquitectura tenga en cuenta no sólo las condiciones físicas del lugar en el que se trabaja, con su particular clima, materiales y configuración; sino también la cultura que le es propia. Frente a la arquitectura espectáculo cuyo único fin es impactar y, por ese medio, ganar concursos y aparecer en revistas, en el mundo de la restauración lo importante es aquello sobre lo que se interviene, el contexto, que pertenece a la sociedad, y no al arquitecto que actúa sobre él.


Cubiertas de la Iglesia Colegial (Roncesvalles, Navarra)

Se señaló la relevancia del tiempo en la obra de restauración, de lo que constituye un excelente ejemplo el trabajo premiado, al permitir la lentitud del proceso una correcta comprensión y asimilación de la obra sobre la que se trabaja y el enriquecimiento y maduración de las intervenciones propuestas. Como apostilló Rafael Manzano, por fortuna, las exageradas y apresuradas reconfiguraciones del patrimonio arquitectónico que se volvieron frecuentes en la más reciente etapa de la historia de nuestro país parecen haber llegado irremediablemente a su fin.

Se trató de cómo en las intervenciones de Leopoldo Gil en Roncesvalles hay también modernidad, pero una modernidad surgida y desarrollada desde un notable entendimiento de las tradiciones constructivas y arquitectónicas y, singularmente, de los trabajos de carpintería. Una modernidad que presenta por ello una amable continuidad con esas tradiciones.


Nuevo albergue de peregrinos (Roncesvalles, Navarra)

El premiado expuso los diversos criterios que hubo de adoptar ante los distintos problemas que fueron presentándose durante las obras. En Itzandegia, por ejemplo, un edificio cuya función original se desconocía, se restituyó enteramente su estructura primigenia. Leopoldo Gil confesó que en algún momento, contagiado por esa arquitectura espectáculo de la que habló anteriormente, pensó en recrear el espacio con unos arcos metálicos o de madera lo suficientemente modernos como para poder salir en las revistas.  Sin embargo, gracias al sensato consejo de uno de los aparejadores que se encontraba trabajando con él, decidieron restaurarlo piedra sobre piedra. Tenían los arranques de los arcos y conocían su trazado. Consultando los escritos de Torres Balbás sobre estructuras arcos diafragma soportando armaduras de madera vistas, pudo devolvérsele su "autenticidad arquitectónica". Por el contrario, en la Iglesia Colegial, este mismo criterio no habría funcionado. La iglesia del siglo XIII había ido creciendo y modificándose durante los siglos posteriores, como todo monumento vivo. Los contrafuertes y rosetones de la construcción original habían quedado ocultos por alteraciones posteriores. Para que éstos pudieran visitarse, se construyó una nueva cubierta de madera, pero en este caso con un lenguaje más moderno.


Itzandegia: estado antes de la restauración (Roncesvalles, Navarra)

Itzandegia: estado durante la restauración (Roncesvalles, Navarra)

Itzandegia: estado tras la restauración (Roncesvalles, Navarra)

Cubiertas de la Iglesia Colegial (Roncesvalles, Navarra)

Cubiertas de la Iglesia Colegial (Roncesvalles, Navarra)


Leopoldo Gil elogió también la cualificación y calidad de la mano de obra que ha colaborado con él durante las tres décadas que han durado las obras de restauración: carpinteros, canteros, albañiles... Para él, un problema que la presente crisis está causando, y que entiende como mucho mayor que el del cierre de grandes corporaciones, es la pérdida de las pequeñas empresas familiares, de las que generalmente ha dependido la transmisión y continuidad de los oficios tradicionales.


Casas de los Beneficiados (Roncesvalles, Navarra)

Finalmente, Rafael Manzano señaló la importancia de la enseñanza de los códigos arquitectónicos tradicionales en las escuelas de arquitectura, frente a la corriente dominante que impone a los alumnos la necesidad de desarrollar sus propios códigos. Para Rafael, aunque ocasionalmente pudieran generarse por este sistema magníficos lenguajes arquitectónicos de carácter personal, cuando este objetivo no es alcanzado, tal como comúnmente ocurre, el resultado de ello supone un grave deterioro de nuestra herencia patrimonial. Por su parte, Leopoldo Gil reivindicó una mayor presencia de la restauración y el estudio del patrimonio heredado en los programas de estudios.



Nuevo albergue de peregrinos (Roncesvalles, Navarra)

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