martes, 5 de marzo de 2013

Ceremonia de entrega del Premio Rafael Manzano 2012 a Leopoldo Gil Cornet

La ceremonia de entrega del Premio Rafael Manzano Martos 2012 al arquitecto Leopoldo Gil Cornet tuvo lugar el 16 de octubre de 2012 en el Salón de Actos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). El acto estuvo presidido por su Alteza Real la Infanta Doña Elena.

Tras la presentación realizada por Antonio Bonet Correa, director de la institución que acogía la ceremonia, intervino en primer lugar Michael Lykoudis, director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Notre Dame (Indiana, EEUU), única en el mundo por su apuesta por formar a sus alumnos en los principios de la arquitectura tradicional en general y clásica en particular. Habló de la necesidad de preservar, enseñar y promover las tradiciones constructivas y arquitectónicas locales para procurarnos un futuro cultural, económica y ecológicamente más sostenible. Se refirió a la arquitectura clásica y tradicional como un ejemplo vivo de cómo es posible habitar de un modo más responsable, de cómo dar respuesta con dignidad y elegancia a los muchos retos que la sociedad actual nos plantea. Y subrayó especialmente su adaptabilidad y su versatilidad, que han permitido a estas tradiciones sobrevivir durante siglos, así como su condición de depositarias de importantes lecciones de auténtica ecología, ya que, tomando muy poco de la Tierra y no recurriendo nunca a productos químicos tóxicos, generan poco o ningún residuo no reciclable y están concebidas para consumir la menor cantidad posible de energía.

Vista del público asistente a la ceremonia


A continuación Richard H. Driehaus, mecenas americano que ha concebido y financiado este premio, explicó los motivos que le llevaron a su institución: su admiración por la persona y la obra de Rafael Manzano Martos; la magnífica acogida que tuvo la concesión a éste del Premio Richard H. Driehaus 2010, galardón internacional también auspiciado por él y destinado a honrar a arquitectos que hayan destacado en la práctica y defensa de la arquitectura tradicional y el lenguaje arquitectónico clásico; y su amor por las tradiciones arquitectónicas que definen las diversas identidades locales españolas. Hizo hincapié en la importante responsabilidad que conlleva la conservación y correcta transmisión de esas tradiciones, de las que afirmó que "no nos pertenecen sólo a nosotros", sino también a nuestros ancestros y a nuestros descendientes, siendo nuestro papel el de meros "administradores temporales" de ese irreemplazable legado. Destacó cómo defender la tradición no implica el querer volver al pasado, ni el resistirse al cambio, sino el hacer uso de los valores y triunfos alcanzados por nuestros predecesores y el recibir cualquier progreso de la forma más racional posible, integrándolo de forma respetuosa y sopesada en el conjunto de tradiciones que nos han sido legadas sin pretender por ello romper con el pasado o con la continuidad que lo caracterizaba. Sin esa continuidad, nuestro patrimonio y nuestra identidad están condenados a desaparecer.

Carlos Sánchez, arquitecto y restaurador granadino, académico del Partal e importante defensor en nuestro país de la preservación de las tradiciones arquitectónicas que le son propias, fue el encargado de presentar al premiado, labor que acompañó con agradables notas de humor. Resaltó su capacidad para compaginar con éxito la formación de una amplia familia y su actividad académica y profesional. Habló de la admiración y el respeto que por él sienten sus antiguos alumnos, así como de su importante labor en la consolidación de los estudios de especialización en conservación y restauración del patrimonio arquitectónico en la Universidad de Navarra y de su afán por "no formar genios", que calificó de "genial", eludiendo con ello el dar lugar a las frustraciones profesionales a las que otras maneras de enseñar con demasiada frecuencia conducen. Finalmente, de su labor profesional recalcó tanto la humildad y sencillez con las que acomete sus intervenciones en el patrimonio arquitectónico, como el sentido común que caracteriza a sus actuaciones y que le ha alejado de cualquier género de dogmatismo.

Michael Lykoudis, Leopoldo Gil Cornet y Richard H. Driehaus


Leopoldo Gil, tras recoger el galardón, dotado con 50.000 euros y una placa conmemorativa, agradeció su generosidad a Richard H. Driehaus; su inestimable colaboración a la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Notre Dame; al jurado del Premio su decisión de honrar con él sus varias décadas de obras en la Real Colegiata de Roncesvalles (Navarra); a Rafael Manzano su magnífica labor profesional, sin la cual este premio no habría sido posible; a la Fundación Mapfre sus desvelos en la organización del evento; y a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando por su hospitalidad al acogerlo en su seno y brindarle su apoyo. Dio también las gracias a sus padres y familiares, a sus maestros, a la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra, a la Academia del Partal, a la Fundación Caja Madrid y a la Institución Príncipe de Viana, de la que el premiado es funcionario y que desde 1982 ha promovido las restauraciones en la Colegiata de Roncesvalles que Leopoldo Gil ha ido llevando a buen término. Se refirió a continuación a las vicisitudes de estas obras, subrayando acto seguido que este premio viene a confirmar la importancia de la necesidad de formar arquitectos especialistas en restauración; que "para acometer la restauración de un monumento no basta con ser un buen arquitecto, o un arquitecto de prestigio, lo cual sería bueno, sino que es además necesario que se trate de un arquitecto con sensibilidad por el patrimonio, que lo conozca, que lo comprenda y que lo respete". Afirmó finalmente que urge reconocer "que el problema que la sociedad plantea de la arquitectura es principalmente un problema de relación, y no sólo de forma", requiriéndole fundamentalmente respetar y potenciar los valores de aquellos edificios o lugares sobre los que interviene, así como cumplir una cada vez más necesaria labor social.

Intervino en último lugar Rafael Manzano Martos, historia viva de la arquitectura y la restauración españolas y destacado custodio del legado clásico y mudéjar en nuestro país, así como en general de nuestras tradiciones arquitectónicas y constructivas. Tras sus agradecimientos y tras su enhorabuena al premiado, procedió a hacer un breve repaso a la historia del clasicismo, incidiendo singularmente en su continuidad y en su validez contemporánea frente a la vulgaridad y baja durabilidad de unas arquitecturas que, habiendo enriquecido sólo a unos pocos, han sumido a la profesión de la arquitectura en una profunda crisis sin precedentes. Se dirigió finalmente a las nuevas generaciones de arquitectos, a las que instó a mirar hacia el pasado para poder construir un mejor futuro.





Grabación de la ceremonia de entrega del Premio Rafael Manzano Martos 2012

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